Hoy estoy mal, muy mal. Ha habido tres factores que se iniciaron a mi, que me vuelve loco y me trae pura tristeza. Uno de ellos es el rechazo. En el Wikipedia no dice nada, pero encontré a Penelope Russianoff, que me comentó esto:
Las personas propensas al rechazo emiten señales que dicen: “Pueden rechazarme”. Aquellos que se sienten inferiores dicen y hacen cosas que ponen de relieve su inferioridad.
Así es como muchos de nosotros actuamos en la vida. Tal vez sin que lo sepamos, pero de forma evidente para los demás, llevamos carteles que dicen: Rechazame o Hazme enfadar o Desilusioname.
Algunas personas parecen tener botones. A juzgar por su conducta, es como si estuvieran diciendo: ¿Quieres un poco de sentimiento de culpa? Pues bien, aprieta el botón superior. ¿Quieres autodesprecio? Prueba con el del medio. ¿Quieres ver un poco de ira? Oprime el botón inferior. Siempre responderé”.
El adiestramiento para adquirir seguridad consiste principalmente en transmitir a los demás cosas como: “No estoy disponible para que me molestes”.
No estás dispuesto a permitir que creen en tí sentimientos egoístas, o de ira, o de poca autoestima. En cambio proclamas: Tú y yo tenemos diferente opinión acerca de mi. Para tí, soy un egoísta. para mi, me preocupo por mi mismo. Para tí, soy demasiado alto. Para mí, juzgas a las personas por conceptos superficiales. Para tí, soy un incompetente. Para mí, soy un buen empleado que se confunde por tus constantes críticas.
A medida que recordamos acciones pasadas, podemos ver en qué momento empezamos a provocar que se nos tratara como a ciudadanos de segunda clase.
Anduvimos con el cartel de “Dame una Patada” en nuestras espaldas. Pero ahora vamos a arrancárnoslo. Tenemos derecho a decir que “no”.
Tienes derecho a decir “no”. Tienes todo el derecho a que los demás no te maltraten emocionalmente. Puedes aprender a utilizar las palabras adecuadas para indicar a los demás qué cosas tolerarás y cuáles no.
No se puede rechazar a alguien que no esté disponible para el rechazo, ni humillar a alguien que no esté dispuesto a ser humillado, ni castrar a un hombre que no esté dispuesto a ser castrado.
Penelope Russianoff
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