La carretera que une las cumbres andinas con el trópico del norte de La Paz está labrada en la roca, es estrecha y sinuosa, con cientos de recodos y curvas cerradas, que bordean el precipio y, muy abajo, se observa una hilera de plata centelleante, que es una corriente de agua hacia la cuenca amazónica. Muchos la llaman la carretera de la muerte y la consideran una de las más peligrosas del mundo. La bajada, que salva 3.600 metros de desnivel en 64 kilómetros de recorrido, se hace por la izquierda del camino para que los camiones cargados de frutas o madera suban pegados a la roca y, en caso de cruce, el peso no contribuya a que el terreno ceda y el vehículo caiga al abismo.
En ciertos tramos, el conductor tiene que retroceder hasta encontrar el espacio suficiente para dar paso a un vehículo que circule en sentido contrario. En lugares altos, a veces, la visibilidad se complica por la densa niebla, que no deja ver más allá de un metro.
El apelativo de la carretera de la muerte es rechazado y causa desazón y enojo a los miles de pobladores que viven en Los Yungas, norte y sur, o más al norte, en Caranavi, Tipuani, Palos Blancos, en parajes paradisíacos de densa vegetación, plantas y animales exóticos, caídas de agua, anchos ríos de agua cristalina y una temperatura que no baja de los 18 grados en invierno.
Las autoridades, sin embargo, admiten que la carretera a Los Yungas está entre las tres más peligrosas de una veintena de caminos principales de Bolivia, no sólo por su topografía sino por la imprudencia del conductor, especialmente del servicio público, que no acata normas, suele estar bebido o no somete a revisión técnica su vehículo.
885 muertos
El plan estratégico del Servicio Nacional de Caminos señala que “uno de los problemas sociales mayores es la elevada accidentalidad vial, la cual ha ocasionado entre 1997 y el año 2000, un promedio anual de 885 personas muertas y 6.119 heridas”.
4.444 accidentes
Las últimas cifras de 2006, publicadas el pasado sábado por el matutino La Prensa, señalan que entre enero y octubre se registraron 4.444 accidentes. No se informó sobre el número de muertos, ni se discriminó los lugares donde se produjeron el mayor número de accidentes. “Son quince años que llevo pasajeros de La Paz a Caranavi y, gracias a Dios, nunca me ha pasado nada”, afirma Froilán, de 32 años, que asegura estar en la ruta desde los quince años y ahora es propietario de un moderno autobús para 40 pasajeros. “Hay que tener fé, encomendarse a Dios, y hay que saber colocarse para que la cola del trailer no te empuje al vacío”, dice, y admite que prefiere el viejo camino, pues el nuevo tramo Cotapata-Santa Bárbara, que lleva doce años en construcción y acaba de abrirse al público provisionalmente, tiene tramos “largos, rectos, que te hacen dar sueño. Yo prefiero ir por el viejo, porque tienes que estar con los ojos bien abiertos porque son tantas curvas”.
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