Bueno por poner algo interesante, me he interesado por el tema sobre la declaración amorosa entre personas. Buscando por Internet, encontré un artículo llamado “¿Salimos juntos?”, que posee mucha información. He colocado solamente un resumen de ello, que tampoco quiero inundar este blog.
El modelo globalizado de amor erótico
Complejo y lleno de matices, como todo el mundo sabe, es el lenguaje del amor. Decir “te quiero”, declararse, admite infinidad de modos y maneras, tal como ilustra la literatura y la música. El eterno I love you se pronuncia con innumerables circunloquios, entonaciones, ritos y gestos que lo hacen único en labios de cada enamorado. Las tradiciones de cada pueblo y cultura conservan este tesoro de expresividad, que aflora en el arte y el folklore.
Hay sin embargo un fenómeno actual que amenaza con empobrecer este patrimonio, reduciendo la declaración amorosa a fórmulas cada vez más triviales y uniformes. La globalización ha llegado a invadir este terreno, que se supone el más íntimo y personal.
No todo es negativo, ciertamente, pues los medios abren maravillosas posibilidades de encuentro interpersonal, inéditas hasta ahora, y en esa medida favorecen un conocimiento mutuo más rico y profundo de los amantes. Piénsese en el correo electrónico o el Messenger. Comunicar no es necesariamente uniformar, ni informarse equivale a mimetizarse. No obstante, aun evitando simplificaciones derrotistas, lo cierto es que la banalización del amor que describimos cunde por todas partes. Sin el necesario criterio ético y estético, la avalancha diaria de imágenes y noticias se torna abrumadora, como una atmósfera que enrarece hasta el ámbito más íntimo y personal. Moldeable y moldeado, el individuo pierde entonces, antes que cualquier otra cosa, su capacidad de amar, la posibilidad de abrirse plenamente a otra persona y descubrirse en ella. En medio de este panorama ¿qué queda del I love you que mencionábamos al principio?
La estructura perenne del noviazgo
La cuestión nos conduce de lleno a los fundamentos antropológicos del amor esponsal, por eso hemos de empezar aclarando nuestras ideas al respecto. ¿Cuáles son sus elementos esenciales y permanentes? ¿Qué convierte el afecto entre dos personas en amor romántico, es decir erótico o esponsal? ¿Basta con decir I love you?
Evidentemente no. Para que signifique lo que realmente dice, esta declaración debe pronunciarse en un contexto determinado, que es aquella historia común entre dos personas, varón y mujer, que llamamos noviazgo. Caben muchas formas de vivirlo, ciertamente, y no existe consenso acerca de su duración o sus ingredientes, pero hay un elemento esencial: el compromiso de cara al matrimonio. Sin este horizonte conyugal, sin una disposición de los amantes, por vaga que sea, a darse y recibirse mutuamente por amor, no existe noviazgo. El I love you pierde entonces consistencia, no se pronuncia de modo creíble y auténtico. El que así se declara no aclara nada, ni siquiera a sí mismo, pues contradice el testimonio de su corazón que le llama, de modo espontáneo e impetuoso, a una entrega irrevocable. El only you forever del matrimonio constituye, en efecto, una tendencia inherente al corazón humano y en esa medida pertenece a la estructura natural y originaria del amor esponsal.
Ciertamente no toda declaración amorosa es así de lúcida y decisiva, no siempre conlleva una intuición tan diáfana del sentido de la vida, pero lo cierto es que tiende a ello, y la luz que poco a poco va clareando en la conciencia enamorada es justamente esta.
Una vez aceptada mutuamente, la declaración inaugura en el noviazgo una nueva etapa. Hasta ahora ambos procuraban acercarse y conocerse movidos por el amor, pero a partir de este momento la relación adquiere una cierta consistencia y estabilidad que conlleva un régimen ético y estético peculiar, distinto de la etapa anterior.
La referencia al matrimonio, por tanto, da lugar en el noviazgo a varias fases con un paisaje afectivo y moral diverso según intervenga o no el compromiso formal. Aunque la vida no puede reducirse a esquemas rígidos, el criterio aludido nos permite distinguir fundamentalmente tres estadios o etapas: 1) amistad complementaria, 2) “salir juntos” y 3) prometerse.
Amistad complementaria
Nos referimos aquí al trato amistoso, que es una especie dentro de lo que los filósofos llaman, en un sentido mucho más general amor de amistad o íntimo. Este trato amistoso presenta dos características.
En primer lugar se configura como una amistad complementaria, ya que en ella entra en juego la condición sexuada, se cuenta con ella, se asume mediante el respeto y la admiración. Ahora bien, lo que constituye formalmente esta amistad no es tal complementariedad, ni se entabla en función de ella, sino de otros motivos muy diversos: un trabajo o afición comunes, un ideal político, científico o religioso compartido, etc.
En segundo lugar, y como consecuencia de lo anterior, este trato no está focalizado en una sola persona como sucede a los que están enamorados (only you). Aquí el amigo o amiga lo es también de otros y otras sin que nadie vea en ello deslealtad o traición. La complementariedad, en efecto, es aquí factor de diversidad y no de exclusividad pues abre a un gran abanico de amistades entre chicos y chicas. Incluso puede ser altamente enriquecedor, como sucede en ciertas pandillas.
“Salir juntos”
En el contexto amistoso que acabamos de describir es donde acontece el enamoramiento. Aparece entonces un factor nuevo, que es el eros. No vamos a indicar aquí sus elementos sino sólo subrayar el cambio que representa respecto al trato amistoso. Ahora la pareja de amigos comienza a tratarse no solo contando con la condición sexuada sino sobre todo en función de ella, es decir, se miran y hablan en cuanto varón y mujer. El significado esponsal del cuerpo, que había funcionado hasta este momento como trasfondo de la amistad se coloca ahora en primer plano con toda su arrebatadora elocuencia.
Se abre entonces un periodo de prueba o exploración que podríamos llamar prenoviazgo, pues aún no existe un compromiso formal. Por eso mismo no es necesariamente señal de frivolidad el que abunden en este periodo las vacilaciones, retrocesos, titubeos, rectificaciones, arrepentimientos, etc., así como las diversas “estrategias” para conquistar y atraer a la pareja. No todo tanteo es tonteo, es decir, flirteo superficial.
El principio antropológico que rige este período podría enunciarse así: experimentar verdadero amor esponsal hacia una persona no significa inmediatamente estar llamado a casarse con ella. En efecto, toda verdadera vocación (en este caso, al matrimonio) se descubre en términos de eros, pero no todo auténtico eros envuelve una verdadera vocación. Es cierto que en el eros búsqueda y descubrimiento se dan a la par, pero en este caso el descubrimiento no es aún el de tal persona, sino de su belleza y encanto, que embargan el corazón. Volveremos sobre este punto más adelante.
Es en esta etapa donde se hace sentir con más fuerza el influjo nocivo de la cultura audiovisual, mencionado antes. Los adolescentes son los más vulnerables a estos patrones de conducta que equiparan “salir juntos” al noviazgo maduro, confundiendo el lenguaje peculiar de uno y otro. Como consecuencia tienden a instalarse en una permanente provisionalidad, donde el sentido argumental del amor se oscurece, al tiempo que se adopta una retórica amorosa hueca, afectada y fraudulenta.
Prometerse
Aunque denominemos noviazgo a todo el proceso, es realmente a partir de la declaración o promesa matrimonial cuando este nombre se emplea con toda propiedad. Es el hecho de prometerse lo que convierte a los enamorados en novios. Esta palabra, que viene de novelli, nuevos, denominaba en un principio a los recién casados, pero con el tiempo ha venido a designar, paradójicamente, a los que no lo están. El uso antiguo pervive en la aclamación ¡vivan los novios! con que se saluda, por extraño que parezca, a los que acaban de convertirse en marido y mujer. Con la palabra esposos ocurre a la inversa. Proviene de sponsi, prometidos, es decir novios, mientras que en la actualidad se denomina así a los que ya son marido y mujer. Estas vicisitudes del lenguaje ponen de relieve hasta qué punto el noviazgo se ha entendido siempre en función del matrimonio, y cómo esta referencia determina su sentido y su razón de ser.
Conclusiones y sugerencias
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En el asesoramiento a gente joven conviene dejar clara la diferencia antropológica y ética entre “salir juntos” y el noviazgo formal, tanto más cuanto que la cultura actual tiende a difuminar sus límites. Sin este discernimiento previo es muy difícil situar a la persona en la historia concreta que está viviendo y darle así el consejo oportuno.
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En este sentido “salir juntos” representa una excelente oportunidad para vivir virtudes que no se encuentran en la mera amistad, o al menos no en el mismo grado. La fidelidad, la pureza y la sinceridad se redescubren ahora con destellos nuevos, y se experimentan insólitos impulsos de superación.
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En el extremo opuesto, no hay que presuponer que esta relación adolescente sea siempre un flirteo superficial, por más que sea lo normal en muchos ambientes escolares. Como hemos dicho más arriba, la fase de “salir juntos” se caracteriza por una cierta actitud de prueba o exploración, en virtud de la cual las relaciones son lógicamente frágiles e inestables sin que por ello sean necesariamente frívolas e insustanciales.
¡Y esto es solo un resumen!
Ver el resto del artículo: http://www.darfruto.com/6_salimos_juntos.htm
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